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PÁTZCUARO DE MIS AMORES (UN VIAJE AL PASADO II)

lunes, 10 de agosto de 2009


Retomando un poco nuestro viaje por tierras purépechas, estamos de camino a Pátzcuaro después de haberle dedicado un par de horas de nuestro día a Tzintzuntzan, el que con sus Yácatas nos dio la bienvenida a estos territorios.

Mireya, Sean y yo sólo pensábamos en ingerir los sagrados alimentos del día, así que al llegar a la ciudad lo primero que hicimos fue buscar un lugar donde sirvieran “menú” o, como se conoce en México (si eres de España, favor de creerlo) “comida corrida”, el cual generalmente incluye sopa, pasta o arroz, guisado, tortillas y agua; a veces (y si te portas bien) hasta postre; todo por una cantidad que puede ir entre los 25 y los 70 pesos. Encontramos un restaurantito justo en la calle que comunica las dos plazas más famosas del lugar. Nuestro amigo anglo-japonés se lanzó a la aventura y pidió lo mismo que nosotras: Sopa Tarasca, arroz, pollo con mole negro y flan (de cajita). El primer platillo es una mezcla entre sopa de frijol y de tortilla, con chile negro seco, crema y quesito desmoronado, ¡un manjar! De lo demás, ni qué decir, comimos tanto que tuvimos que caminar mucho para bajar el festín.

Ahora sí, bien servidos, nos dispusimos a recorrer los callejones, peleando de vez en cuando con ráfagas de lluvia. No sé porqué asocio Pátzcuaro con lluvia y amor, romance y muerte. Tal vez sea porque el clima es húmedo debido a su cercanía al lago, o porque aquí me re-enamoré de mi ex (al final no muy efectivo el pueblo), quizá porque en celebraciones de Día de Muertos no hay otro lugar en la Tierra mejor que Pátzcuaro para acercarte al mundo del culto a la muerte.

Estas tierras son un no tan silencioso testigo del pasado, mirando hacia el presente. Sus calles empedradas o pavimentadas, con edificios de estructura idéntica, blancos y marrón, con tejados en triángulo, con letreros lo menos llamativo posible, le dan la bienvenida al visitante.

Caminamos hacia la plaza Don Vasco (nuevamente Vasco de Quiroga se nos mete entre los pies) y nos sentamos en una de las grandes bancas. Por ahí un siriusfem, patzcuarogrupo de jóvenes le regalan al curioso (propio o extraño) la danza de los viejitos. Los niños miran atentos, sonriendo y tal vez creyendo que sí son ancianos los que bailan. Vendedores hippies ofrecen sus artesanías, sus joyas hechas con piedras extraídas de quién sabe dónde o cachivaches antiquísimos. No falta la señora que quiere que a fuerza le compremos alguno de sus manteles o carpetas, o la que quiera que Sean sea todo un macho, de esos de las películas de Jorge Negrete (con todo y sus ojitos rasgados) y nos conquiste, a las dos, con una rosa (para cada una, claro está). El vendedor de globos no puede faltar y el niño que hace berrinche para que la mamá le compre uno (¡de Pokémon, de Pokémon!) tampoco.

Visitamos el centro de atención turística y no sirvió de mucho. Nos metimos en algunas de las casas que rodean la plaza y sus patios centrales, coronados por arquería y macetas, nos hicieron enamorar aún más del sitio. La Casa de los Once Patios (de los cinco patios, actualmente) también es un lugar mágico. Entre artesanías, telares a la vieja usanza y rincones románticos disfrutamos de visiones del pasado mientras la lluvia coartaba nuestros ánimos de seguir caminando.

Cuando por fin el cielo se cansó, salimos por la calle que lleva directamente hacia la Basílica de Nuestra Señora de la Salud y que es uno de los caminos más bellos del mundo. Las iglesias con su apariencia viejísima y gente cargada de flores, los mercaditos de artesanías y los puestos de gelatinas con rompope nos recuerdan aquellos tiempos que sólo conocimos a través de los relatos de los tíos o abuelos.

La Basílica es grande, alta y es visitada por miles de fieles a lo largo del año asiriusfem, michoacan rendirle tributo y a pedirle a la virgen que les ayude en sus sufrimientos y los alivie.

Seguimos en nuestro recorrido y llegamos hasta la plaza de San Francisco. El extranjero encuentra totalmente “charming” el mercadito en donde las marchantas se pelean por el cliente y el olor a pescado nos hace huir.

Casualmente entramos a la biblioteca pública y nos atrapa. Es hermoso, con su gran mural y su techo altísimo, ¿quién hubiera imaginado un sitio así justo enfrente del lugar más atestado de transporte público, ruido y gritos de los alrededores? Junto hay un tianguis de artesanía que inmediatamente capta los flashazos de la cámara de Sean.

Después, llegó el momento de ir por la famosa nieve de pasta. En el portal Hidalgo sobrevive una de las tradiciones más antigua de la zona, la de las nieves. Hace más de cien años un lugareño, don Agapito Villegas, inventó la secreta fórmula que ha pasado de generación en generación y que ha conquistado los paladares de casi todos los visitantes. Nos lanzamos a la aventura helada y casi lo logramos, sólo faltó un cuarto para terminar el vasito, “demasiado dulce”, decimos.

Subimos al Cerro del Estribo desde donde la vista del lago y de la isla de Janitzio es fantástica. Pero lo que se lleva la tarde es otra cosa. Nos detenemos a disfrutar y algo nos llama la atención; un toro anda suelto cerca de nosotros. Al parecer se siente solo y quiere hacer amigos, por lo que se nos para enfrente y trata de coquetearnos. Lo logra por momentos, pero no nos arriesgamos demasiado y decidimos retirarnos.

Es hora de marcharnos, la luz se está extinguiendo. Nos llevamos un buen recuerdo de la deliciosa comida ingerida, nos llevamos un pedacito de Pátzcuaro en nuestras cámaras y nuestros corazones.

Hemos aprendido que bien vale la pena conservar las tradiciones, respetarlas para al final, poder, todos, disfrutarlas. Así es Pátzcuaro, un lugar donde la tradición no ha muerto… aunque la huesuda “Catrina” nos diga lo contrario.

P.D.: “La Catrina” es la representación de la muerte, es un esqueleto de mujer elegantemente vestida y famosísima en la época de Noche de Muertos. Surgió de la mente del artista mexicano José Guadalupe Posadas.

Un viaje al pasado, entre pirámides

lunes, 3 de agosto de 2009


Recorrer Michoacán es toda una experiencia. Y no sólo hablo de encontrar el autobús que nos lleve al destino, de viajar con pollos junto a nosotros (en caso que viajemos en tercera) o de no olvidar la música adecuada para el trayecto, si optamos por automóvil. Este estado ofrece un maravilloso abanico de posibilidades, de colores, de aromas, de sabores, de sonidos.

Cuando eres oriundo de estas tierras, en realidad no adviertes los grandes árboles que te ofrecen su sombra para descansar, o cuán buena y variada es la comida. Mucho menos te ocupas de conocer la historia y saber quién fue el famosísimo don Vasco de Quiroga. Así que decidimos dejar detrás nuestra ignorancia y lanzarnos a la aventura al ritmo de una pirekua (música típica purépecha) a todo volumen. Dos mexicanas y un anglo-japonés nos cargamos con cámaras, algo de dinero y zapatos cómodos para visitar dos lugares importantísimos en Michoacán: Tzintzuntzan y Pátzcuaro.

En este estado ubicado en el centro-occidente de México habitó el gran imperio Purépecha. Dichos guerreros no fueron derrotados ni por los poderosos aztecas, y eso que lo intentaron en varias ocasiones. La conquista por parte de los españoles se realizó de forma pacífica, algo así como una negociación, apoyada en gran medida en la conversión religiosa. Distintas congregaciones de sacerdotes arribaron desde la Madre Patria a estas zonas “olvidadas por Dios”. Hubo de todo, xenofobia, explotación, esclavitud y buenos personajes que se ocuparon de integrar a los indígenas al recién creado Virreinato. Uno de esos buenos hombres fue precisamente un cura español, quien llegaría a ser el obispo de Michuacan, Vasco de Quiroga. Él creó un sistema llamado “hospitales”, en donde no sólo se atendían las enfermedades de ibéricos, mestizos e indígenas, sino que se les daba refugio a estos últimos y se les enseñaba a crear maravillosas obras de arte con sus manos, utilizando como materia prima elementos de la región. Tal vez es por esto que Michoacán es una de las entidades donde aún se pueden encontrar una gran variedad de artesanía original.

Viajamos de Morelia por la autopista hacia Pátzcuaro y nos desviamos sólo unos kilómetros antes de llegar. Tzintzuntzan es un pueblito pequeño y pintoresco, en donde se pueden encontrar artículos divinos a precios aún más atractivos. Pero nuestra primera parada no fue el mercado sino la zona arqueológica del lugar.

Dos profesoras mexicanas entran gratis, un estudiante extranjero tiene que pagar 30 pesitos. Visita obligada al baño (limpitos) y un sitio vacío, exclusivo para nosotros tres.

La vista es espectacular. Verdísima vegetación a nuestro alrededor, pirámides rectangulares y circulares (llamadas Yácatas), el pueblo un poco más abajo, a nuestros pies, y montañas enmarcando el Lago de Pátzcuaro. Benditas cámaras digitales, nos dan “deditis” y casi hacemos una caricatura con tooodas las fotos que tomamos.

Nuestro primer impulso, claro, es escalar las pirámides, tratar de encontrar una subida segura entre todas las piedras que se alzan para formar la estructura… a pesar de que dice “no subir”. El diablito a nuestra izquierda nos incita a hacerlo, el angelito a la derecha nos dice que si lo hacemos estaremos contribuyendo a la destrucción lenta del sitio (¿o tal vez será que la estructura es débil y podemos caer a la tumba de algún rey o Caltzontzin al puro estilo de Indiana Jones?) Finalmente traspasamos el permiso para un par de fotos y bajamos el escaloncito a prisa para evitar ser detenidos por las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Nuestros pies están mojados por el pasto, por lo que aprendimos que debemos de traer botas y no tenis… pero no nos importa. La energía es fuerte y no nos queremos ir. Nos sentimos tranquilos, en paz… poderosos. El lugar es mágico; una mezcla entre sublime y armonioso. Lo que me parece increíble es que esté vacío y me pregunto cuántos mexicanos han visitado esta zona, han disfrutado este paisaje, y no vale la noche de muertos, cuando cientos de adolescentes alcoholizados parrandean por aquí y por allá.

Así, terminamos nuestro recorrido por las Yácatas y nos dirigimos al centro del pueblo. Como decía al principio del texto, el mercado de artesanías es un sueño hecho realidad: vivos colores, chúspata (tule o “mimbre”) en forma de canastos, adornos navideños, alcancías, botes de basura, sombreritos y sombrerotes; vajillas de cerámica y de barro, juguetes de madera, zapatos, perros callejeros… ¡ah!, eso no es parte de las artesanías, pero sí del folklore de todo poblado mexicano que se digne de serlo.

De ahí pasamos al monasterio franciscano del siglo XVI, un lugar encantador y rodeado de un aura mágica. Cuenta con una cruz atrial que encaja perfectamente con el paisaje definido por las casas de tejas rojas. Ahí también se encuentra una antigua estatua de Don Vasco, una capilla abierta, en donde se celebró misa por primera vez en Michoacán y los árboles con la apariencia más antigua que he visto, que te dan la impresión de estar ahí desde antes de la época del Imperio Purépecha… no sé, parecen árboles abuelos.

- ¡Una autofoto!, sonríe Mireya, abre los ojos, Sean.

A esa hora la tripa ya hacía ruidos extraños y, después de comprar unas cuantas gangas, encaminamos nuestra marcha (y nuestros vacíos estómagos) hacia Pátzcuaro, donde más sorpresas nos aguardaban.

Continúa…

Viajando en moto por México; Saltillo-Guanajuato-Guadalajara-Vallarta y de regreso. (Parte II)

miércoles, 29 de julio de 2009

Tanto tiempo sin escribir, y es que contrariamente a la percepción general, tengo que trabajar mucho para mantenerme estos gustitos y últimamente me han traído del rabo, pero bueno, ¿dónde iba yo? Ah sí, habíamos llegado a Guadalajara sin contratiempos que no nos permitieran continuar y ya queríamos rodar a Vallarta.

Salimos de Guadalajara tempranito (como a las 10am, jojojo, tempranito en idioma biker) y a pegarle. Fue en el tramo Guadalajara - Compostela donde entendí la fregonería de ser biker.
Era un día precioso para rodar, el sol alto en el cielo, algunas nubes blancas proveían de sombra de vez en cuando, y decidimos disfrutar el rol y pararnos cuando se pudiera a tomar una cheve –cerveza- y a ver pasar la vida, ¡¡¡no había prisa!!! Teníamos creo que toda la semana (era antes de navidad).

En la primera caseta encontramos una tiendita, nos paramos a hacer pipí (cada quien en lo suyo, por favor) y al estacionar la moto sucedió la magia de ser biker: la gente se acerca a ver las motos. Los más atrevidos te hacen preguntas, las más atrevidas te hacen la plática; mucha gente quiere compartir una anécdota, o sencillamente platicar, ¡poca madre! Era mi primer viaje largo, yo no sabía que esas cosas pasaban y estaba sorprendido e impresionado del poder de las motos.

Me encantó platicar con gente, escuchar anécdotas, compartir unas papitas, saber a dónde van los demás, enterarme que van a pasar navidad con el primo que se fue a Tepic y que le va de poca madre. Y eso es de lo más chingón de salir en la moto, realmente el biker entra en contacto con el aire, con la naturaleza y, sobre todo, con las personas (hay que evitar el contacto directo y violento con el pavimento, pero fuera de eso, no hay pedo). Si ven un biker por ahí tomando un refresco salúdenlo, lo más probable es que sea un cabrón alivianado y con ganas de cotorrear.
Total que llegando a Compostela nos paramos a quitarnos las chamarras porque hacía un calor del mal y a echarnos unas chevecitas más.

Bajando a la sierra noté que a la moto se le prendía un foquito que parece una batería, yo no tenía experiencia así que ni idea de qué podría ser, pero me valió y como a la hora se le apagó el foquito, "un lapsus pendejus de la moto" pensé yo. Como una hora antes de Vallarta, yo ya me veía semiencuerado andando con dos chiquitas en la moto (una adelante y una atrás), veía en mi cabeza el atardecer en el malecón y como se vería mi moto en contraste con el sol poniéndose, pasamos junto a una gas y se apaga la moto… me quedé sin batería.

"Puta madre", pensé, y lo hice porque cualquier cabrón que se precie de ser machito malhablado pensará "Puta madre" cuando pasa algo fuera del plan. Se baja mi compa y me dice "¿que tiene la chingadera?", y yo no tenía idea del funcionamiento mecánico de una moto, para mí era una combinación de fierro y goma que me llevaba del punto A al punto B pero pues ni idea de cómo jalaba, así que desde el fondo de mi ignorancia le contesté "Ps ha de ser la batería o la marcha porque no prende la muy zorra".

Total que nos quedamos en la gas y vino la primera idea "Hay que pasarle batería, a huevo con eso prende y llegamos a Vallarta y allá vemos" y se presentó el primer problema, ¿dónde estaba la batería?, afortunadamente traía extractos del manual y encontramos la batería, y una camioneta, y cables y la chingada, estábamos listos para la operación... no funcionó.

Con el tiempo aprendí que era porque estábamos pasando batería de manera incorrecta y que lo único que necesitaba era conectar el generador de la camioneta a mi batería por 15 minutos y con eso hubiera prendido la moto, pero noooooooo, eso se aprende a madrazos.

La segunda idea fue llevar la batería con un eléctrico para que le metiera una carga rápida. En chinga la desmontamos, buscamos un mecánico y se la llevamos "regresen en una hora", fue el designio del experto.

Estábamos en la tiendita anexa a la gas cuando se paró otro biker a ayudarnos, poca madre el wey se quedó un buen rato dándonos tips y la chingada, y es que si uno se queda tirado en el carro difícilmente se para algún parroquiano a ayudar, pero si es en moto es de volada que se pare alguien.

Total que a la hora vamos por la batería (un pedo para encontrar al eléctrico porque había ido por unas caguamas y no regresaba), le montamos la batería a la moto, yo estaba preparado para lo peor (pedir una grúa es el peor escenario posible), giré la llave... apreté el botón "run", escuché a la bomba de gasolina llenando los ductos, corrió el autotest de la compu de la moto, sabía que solamente tendría una oportunidad de darle marcha... presioné "start"... ¡¡¡¡el motor arrancó!!!!! Y córrele a Vallarta porque estaba cayendo la noche y la batería no estaba cargando (foquito prendido en el tablero). Llegué a Vallarta en tiempo record y luego luego con el mecánico especializado en Harleys, quien después de sesudas pruebas determinó que era el regulador de voltaje. Llamé a todas las tiendas Harleys del país a ver quién tenía uno y nada, había que importarlo y tardaría semanas en llegar. La solución: comprar dos baterías de repuesto y un cargador lento (en cualquier Comercial Mexicana, amigos) y usar la moto como si fuera un celular, o sea cargar las baterías toda la noche y en el día usarla moderadamente hasta que se descargaran.

Pues así, mis queridos amigos, me regresé una semana después hasta Monterrey, cambiando baterías en el camino y economizando energía.

El epílogo de esta historia es hasta chistoso, no era el regulador, era el estator y cualquier pendejo lo hubiera podido embobinar en Vallarta y no hubiera tenido pedos, pero eso se aprende con la experiencia, y no hay otra manera de adquirir experiencia más que sufriéndole y regándola.

Y así queridos amigos, fue el viaje Vallartense versión 1.01. He hecho algunos otros viajes más largos y más divertidos, pero a este específico le tengo cariño porque fue el primero de los primeros y donde aprendí (a la mala) lo que realmente significa ser biker de largo alcance.

A partir de ese viaje le tomé amor a la moto y dejó de ser un hobbie para convertirse en modo de vida. Hoy por hoy mis amigos son bikers y a veces cuando platico con gente que no anda en esto ya no me adapto tan fácilmente, ya no entiendo la vida acumulando stress por todas las responsabilidades, con limitaciones y sin toma de riesgos.

Cuando me subo a la moto me relajo, uso moto hasta para ir a trabajar y me siento feliz cuando estoy con los demás moteros hablando de carreteras y mecánica. Si estoy tenso voy a al taller a reunirme con los demás y a ayudar a armar/desarmar motos. Ojalá pudiera expresar la importancia que esto ha tenido en mi vida y lo mucho que ha cambiado mi percepción de las cosas, y este viaje tuvo mucho que ver en eso.

Y ahí luego les platico cómo es la comunicación de un biker con otro cuando se rueda en grupo sin el uso de radios o esas cosas modernas. También debo un post sobre mi teoría de porqué los bikers traen viejas chidas.

Y ya para irme les dejo un consejito bien chidito:

Ahora que es temporada de lluvias les recomiendo ampliamente sentir la lluvia, mojarse rico y no tenerle miedo al agua, porque cuando se mueran no van a sentir nada, ni la lluvia ni el frío ni nada (y se van a morir, eso se los prometo).


Gozen sus vidas y hagan lo que los ponga felices.

Manuel

De regreso y preparaciones

martes, 21 de julio de 2009

Lamento mucho el tiempo que ha pasado sin actualización este hermoso espacio, pero tenido unas semanitas de mucho trabajo, estrés y problemillas de salud. Pero aquí seguimos, viv@s.

Me pregunto si Manuel y sus amigos motocicletos lucen tan bien como los que andan por la ruta de los Mil Kasbahs en Marruecos, presentados por "Trota Mundos" de Travel & Living.

En fin, habrá que pedirle fotos.

Mientras llega la siguiente colaboración de los motociclistas, yo me doy tiempo para escribir y bajo las colaboraciones de nuestro fiel Trajeado a distintas partes, me gustaría preguntarles algo.

¿Qué les gustaría leer y ver en video sobre nuestro país? Pueden ser tan específicos como lo deseen.

Se me ocurren locuras como: reglas de tráfico en distintos sitios, horarios de tomar café, palabras y fases como mi favorita (actualmente) "novedosa", las fiestas locales, las reglas no dichas en la ciudad, las reglas no dichas en algunos pueblos... ¡el límite es el cielo!

Pero... ¿tú qué quisieras ver/leer?


Por ejemplo:




Gracias a Carlos Alcocer y Willi Souza, como siempre, por sus magníficos videos. Aunque ni se acuerden que me los prestan.

Viajando en moto por México; Saltillo-Guanajuato-Guadalajara-Vallarta y de regreso. (Parte I)

lunes, 6 de julio de 2009

Mi primer viaje largo en motocicleta fue de Saltillo a Vallarta puenteándole por Guanajuato.

Yo ya tenía cierto manejo y todos los fines de semana le pegaba al menos unos 300kms, tanto en moto deportiva como en la Harley, así que ya tenía idea de qué onda, pero siempre en el primer viaje se cometen todos los errores y se aprenden las lecciones de la manera más dura posible, pero me desvío (que es lo bueno de ser biker, uno se puede desviar a donde sea cuando sea, pero me vuelvo a desviar).

Había estado pensando en ese viaje por toda la semana e incluso una noche antes ya no pude dormir de la emoción, cosa que no me pasaba desde alguna navidad cuando era niño. El plan era rodar de Saltillo a Guanajuato, pasar una noche en Guanajuato en casa de mi cuate Guanabike, al otro día pegarle Guanajuato - Guadalajara para reventarnos el Guadalajara - Vallarta en una tercera jornada, era por ahí de las navidades así que había tiempo de sobra.

En la empacada subí el juego habitual de herramientas, ropa suficiente, cascos, chamarra, guantes, buff (como bufanditas para el viento), lentes... No, no, no, parecía Beduino con camello cargado, muy pronto me daría cuenta que era demasiado lo que traía cargando, pero bueno, ya llegaremos a eso.

En el día 1 rodé acorde a lo planeado. Tomé hacia el sur de Saltillo por la carretera 57 para subir por los Chorros, que es una parte con curvas sumamente divertidas, recomendable para pisarle en la medida de lo prudente porque es lo único divertido de manejar en los 600 kms que abarca la ruta. Justo donde terminan (comienzan) los chorros hay un restaurancito familiar que se llama "La herradura", no se pueden perder los chilaquiles con dos huevos estrellados, (digan que van de mi parte).

Eran días duros para rodar porque la carretera estaba llena de paisanos; personalmente me fastidia cómo manejan, es decir, a la velocidad en la que se sienten cómodos, sin importar el carril. No entienden que México es MUY diferente a Estados Unidos ¡y que aquí manejamos más rápido!

Total que en el lapso de 600kms me tocó ver dos accidentes serios y muy cerca de mí. Me sentía inseguro, como un ratón corriendo a través de una manada de elefantes, y también me tocó ver lo más bizarro que cargan los paisanos: Una pickup con un water... o sea un baño. ¡¡No entiendo cómo alguien puede recorrer miles de kilómetros cargando una taza de baño!!! Debí tomarle foto pero estaba en la etapa donde o manejaba moto o fotografiaba.

Pero desde ese viaje mi posición ante los paisanos es: o se adaptan o mejor no manejen, neta. Provocan muchos accidentes con sus chococamionetas y seguro hay un montón de muertitos cada temporada, pero me desvío de nuevo.

Llegué a Guanajuato a dormir una noche, para ya descansadito intentar salir al otro día temprano, pero la moto de mi cuate estaba en el taller, y el taller estaba en ¡¡San Miguel de Allende!!! Así que entre la ida por la moto y mil pendientes salimos de Guanajuato a Guadalajara cuando el sol se ponía y sufrimos un montón, éramos unos novatazos.

Resulta que traíamos de esos cascos ultramodernos con intercomunicador y la manga del muerto, desde ahí me juré no volver a usar radio, se distrae uno de a madres y afecta la sensación de aislamiento al rodar. El problema es que ninguno de los dos nos sabíamos las señales, entonces era manejar a ciegas porque, para acabarla de amolar, el faro de la vulcan (la de mi cuate) apuntaba directamente al cielo… ¡¡entonces no veía ni madres!!! Y además el frío, aprendí a la mala que hay que llevar ropa adecuada para las bajas temperaturas… Pero ¿qué tal llevaba la alforja llenita de jeans y ropa fresita pero ni un liner polar? Tremendo.

Aquí abriré un breve paréntesis para hablar de la comunicación entre motociclistas.

Hay de dos, o un intercomunicador o de plano señales. De las segundas luego hago post a parte (lo llamaremos “Rodando en manada”), pero el radiecillo ese es una reverenda… Ahí les va: Nolan hace unos cascos divinos con un hueco para blue tooth, el casco trae bocinas, micrófono, y el aparatito les maneja un iPod, comunicación piloto/pasajero, o comunicación con otras motos y además se puede conectar al celular de su preferencia para ir hablando por teléfono, ¿maravilloso o qué? Pues la verdad es que durante la semana de estreno la onda es ir hablando por teléfono, pero la triste realidad es que el sistema es complejo y si te quitas el casco ya todo deja de jalar y hay que programarlo de nuevo, entonces si te vas a tardar dos o tres minutos cada vez que te pones el casco pues es de flojera.

Digamos que carga gas toda la banda, ya todo mundo está listo pero te tienen que esperar porque tienes que programar la madre, dejarlo en modo stand by, conectarle el iPod, conectarle el intercomunicador, meterle el colmillo azul del celular, bajarle el volumen, ponerte el casco, acomodarte el cable, ponerte los guantes y vámonos…

Nada como ponerse casco, guantes¡¡¡ y a rodar!!! Personalmente quedé con muy mal sabor de boca con los aparatejos esos, soy biker a la antigüita, sólo requiero una moto y a veces un casco. Fin del paréntesis.

Total que a jalones y empujones llegamos a Guadalajara y al otro día (ahora sí tempranito) a Vallarta. Pero eso se los cuento en la segunda parte porque todavía nos esperaba un largo largo camino y un montón de dificultades de novatos, muy triste.

Manuel

El safari al Valle de las Piedras Encimadas

miércoles, 1 de julio de 2009




Un regalito de OAB




Nos habíamos salvado del caos informático (sí, aquel que se especulaba que podía ocurrir cuando terminara el año 1999). Tajis, Mike, Sanchez, Yadira, Betty, Gabito y yo emprendimos camino a un lugar del que habíamos escuchado maravillas pero que no aparecía en ningún mapa ni guía turística, el Valle de las Piedras Encimadas.

Nos quedamos de ver en la esquina de Insurgentes y Montevideo (donde estaba el Cine Lindavista con su torre de castillo de Cenicienta) a las 7:00 de la mañana. Todos llegaron puntuales y tomamos la autopista que va a Tulancingo, pasamos la ciudad y seguimos hacia Huauchinango, Puebla. A mitad del camino encontramos la desviación hacia Zacatlán y aproximadamente a 25 minutos encontramos la desviación a Camotepec.

Desde allí seguimos un camino de terracería que dura alrededor de 10 minutos y llegamos al Valle.



Llegamos alrededor de las 9:00 de la mañana y nos encontramos con un lugar lleno de neblina espesa donde lo único que apreciábamos eran coníferas y alguna que otra piedra que aparecía y desaparecía al capricho de la bruma.

Durante cerca de 1 hora estuvimos escalando y descubriendo que a cada paso encontrábamos nuevas formas, algunas parecían toboganes, otras parecían animales, la mente se daba vuelo imaginando un sinfín de formas que adivinábamos a través de la neblina.

De repente todo cambio, la neblina desapareció en cuestión de tres minutos y a lo lejos divisamos un hermoso valle con hierba y un río cruzando a través de él, donde se podía contar por cientos las formaciones rocosas con formas inauditas.


Un espectáculo sobrecogedor.









Cerca del lugar se pueden comer quesadillas en algunos puestos de comida que atienden las personas de la comunidad de Camotepec y a decir de sus leyendas las piedras son seres de otros tiempos que se petrificaron como castigo por su maldad.

Después de aquella ocasión volví otra vez con mi ahora esposa y el espectáculo fue diferente, sin neblina pero sí con mucho frió y un sol esplendoroso que iluminaba un valle verde.

Altamente recomendable para familias, grupos de amigos y sobretodo mountain bikers (ah, y fotógrafos curiosos que gustan de safaris).



19 de febrero de 2000.


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TIPS PARA VIAJEROS:

++SI USTED VA AL VALLE DE PIEDAS ENCIMADAS

Saliendo de la ciudad de Puebla tome la carretera federal núm. 19 a Zacatlán. Si sale del D.F. tome la autopista núm. 85 hasta Pachuca, Hidalgo, de ahí siga la carretera federal núm. 130 hasta Tejocotal. Una vez aquí hay que seguir por la carretera núm. 119 con dirección a Zacatlán y al llegar al pueblo de Ahuazotepec tome la desviación de terracería que conduce a Camotepec, último poblado cercano al Valle de Piedras Encimadas.

Fuente: México desconocido No. 275 / enero 2000

++Más información aquí.



¿Qué es un safari fotográfico?

jueves, 25 de junio de 2009

¿Alguno de ustedes ha realizado un viaje sólo por el gusto de fotografiar todo lo que encuentran a su pasa?

¿Sí? ¿A dónde?

¿No? ¿Pero les gustaría?

Yo he hecho algunos, pero recuerdo dos en particular: Cuitzeo/las Luminarias de Guanajuato y Mineral de Pozos/San Miguel Allende.

Pero hoy, me gustaría saber qué han hecho ustedes... y si tienen, ver y publicar sus fotos.

Viajando en moto, ¿qué empaco?, ¿qué me llevo?, ¿dónde comemos?

domingo, 14 de junio de 2009

El viajar en moto tiene muchos contras: se necesita ser biker de corazón para aguantar tanta cosa (no lo van a creer pero hay un club de bikers que se llama “los comemierdas”, jojojo).

Una de las desventajas principales es la limitante de espacio para llevar cosas.

Si se mueven en una deportiva a lo mucho dos morralitos, en una chopper como quiera trae dos alforjas (maletas laterales) y pueden poner otra maleta más en la parte trasera, ya una Harley grande tiene un poco más de espacio, pero pensemos en que solamente contamos con tres maletas, de las cuales una es para herramienta y equipo de seguridad, la mitad de otra para la chamarra y una maleta y media para ropa, desodorante, etc. etc. etc.

Pero comencemos por los básicos:


INDISPENSABLES:

Si no llevan estos, en buena onda ni salgan de su casa:

a) Una bolsa (preferentemente de lona resistente) con herramienta, lo más seguro es que algo se madree en el viaje, punto, no hay vuelta de hoja, las motos son caprichosas y se van a descomponer. En Harley Davidson venden unos kits plegables con herramienta básica, muy práctico pero muy caro.

Personalmente he optado por una bolsa de lona donde llevo lo necesario para reparar MI moto, y hay que pensar qué es bueno llevar y qué no es bueno llevar, obvio no van a llevar birlos de carro ya que no servirían de nada. Si no se la quieren desfalcar dense un rol al autozone, compren un juego de herramientas medida chica y lo vacían en la bolsa, le meten unas Allen, un desarmador de cruz de buen tamaño, unas cuantas colas de rata, una cinta de aislar y ya estuvo, no necesitan mucho más.

Siempre es bueno traer cables para pasar corriente pero este ya se los dejo como opcional, para que vean que soy buena onda.

b) Un par de guantes para frío y un par de guantes para calor, googles oscuros y googles claros, liner para lluvia (liner es una chamarra que va abajo de la chamarra), si viajan largo les va a llover. En algunas zonas va a hacer frío, en otras calor, recuerden que al rodar se sienten unos 10 o 12 grados centígrados menos que la temperatura reportada; así que nada como una chamarra hecha para bikers con ventilaciones adecuadas.
Van a rodar de noche así que lleven equipo adecuado para entonces; créanme, no quieren manejar en la selva chiapaneca en la noche con lentes oscuros porque si se atraviesa un perro ni lo van a ver. En equipo de seguridad no escatimen, duele regacho cuando uno toca el pavimento y es de lo más desagradable rodar mojado y con frío; por esto, el equipo de protección es importante, un biker incómodo es un biker distraído, y un biker distraído va a terminar en el piso.

c) Casco...... lo traen puesto y por eso no cuenta como carga pero siempre es bueno llevar un visor extra, la placa de acrílico que va en la parte de enfrente es intercambiable y cualquier biker tiene un montón de visores de repuesto para su casco, es bueno llevar uno extra, para que no se raye métanlo en un calcetín viejo y ¡¡¡voilá!!!

d) Windex, una botella chica con aspersor llenito de windex, sirve para limpiar el visor del casco, el parabrisas de la moto (si es que tiene), los cuartos, los faros y en general el windex es la onda, en cualquier lugar se vuelan papel de baño y con eso pueden limpiar las superficies importantes.

e) Bolsas de plástico para basura. Cuando uno llega al hotel puede dejar la ropa y así queda una alforja libre, a esa alforja le ponemos una bolsa grande y la llenamos de cheve y hielo y tenemos ¡¡¡una hielera!!! Ya cuando acabe el pedo sacamos la bolsa y la alforja sigue seca y lista para meter ropa.

CERO INDISPENSABLES

La ropa no es indispensable, recuerden, para un viaje de una semana completa (9 días, o sea dos fines de semana) necesitan 3 jeans a lo mucho, uno de ellos ya lo llevas puesto así que solamente empacas dos jeans, 2 playeras manga corta y dos de manga larga (si van en una Harley puras playeras Harley, si llevan de otra marca que no los vea yo usando el uniforme), unas chanclas ligeritas ligeritas, desodorante, loción, cepillo de dientes y pasta, calzones, calcetines, un short para nadar (uno nunca sabe cuando se va a atravesar un río maravilloso al que sencillamente te tienes que meter)...¡¡Y y ya!!, así de sencillo.

Para los que gustan de viajar con tenis, unos jeans para cada día, playeras diarias, zapatitos para antro, camisita fresona y bolsita de maquillaje, hay suburbans donde pueden ir sumamente cómodos, pero si van en moto van a tener que usar la lavandería del hotel o lo que se atraviese, y es mejor cargar con poca ropa porque en el camino pueden ir comprando playeras y gorras alusivas a los lugares visitados, son un gran recuerdo y las pueden usar en el camino.

Y finalmente la pregunta del millón, aquel cuestionamiento que Alejandro Magno tuvo que soportar de sus ejércitos al marchar hacia Asia, la incógnita que ha definido la relación entre amigos por siglos..."¿Pero dónde comemos, cabrón?"... La respuesta es sencilla, donde hayan un chinguero de trailers parados se come bien; es la regla de la carretera y se debe seguir al pie de la letra.

Cuando se suben a la moto para un viaje la onda es entrar en la actitud de que si se descompone, lo arreglamos, si nos da hambre, comemos y si nos da sueño, dormimos; pero todo esto sin un plan. Una de las cosas súper chidas es la flexibilidad de que te puedes parar donde se te dé la gana, continuar si se te antoja y en general ir en absoluta libertad de tomar el camino que más parezca tentador en el momento...

Nos vemos a la siguiente para contarles mi primer biker viaje y todo lo que pasó.

Manuel

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Ya para irme........ tip del día, váyanse con media alforja sin llenar para poder meter recuerdos que se atraviesen en el camino, no van a llevarle una vajilla a su mamá pero siempre te encuentras pendejaditas que ocupan poco espacio para recordar el bonito viaje.

Talking about Mexico

martes, 9 de junio de 2009

Why should I write something about Mexico?

There are loads of places to talk about my country. Places where native speakers (English speakers) give their opinions… And this will be one of them.

For now, a no-native English speaker but a native Mexican, wants to talk about this land… this wonderful land and everything that makes it soooo great.

'cause Mexico rules so hard!!

Do you need a hint?

Just take this one:



Si necesitaba explicarme por qué México Rocks... basta con ver ese video.

¿O quieren más?

De ser así, ¡visítanos! Seguro te la pasarás bien leyéndonos.

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Sobre el video:

Producido por Industria Film Studios.
Fue dirigido por Willy Sousa.

Deliciosa Oaxaca

lunes, 8 de junio de 2009

Es difícil describir un sitio que no se ha visto por muchos años, pero si pienso en Oaxaca, inmediatamente viene un concepto a mi mente: COMIDA.

Este espacio no es lo suficientemente largo como para hacerle justicia a uno de los estados más ricos del país… porque Oaxaca es Oaxaca.

Esa palabrita con una redonda inicial y una extraña equis en medio evoca sensaciones en mí: barriga llena, árboles hermosos, arquitectura perfecta, pies cansados, amigas tragonas, extranjeros hippies y sol… mucho sol.

Pero sí, para mí, Oaxaca, antes que Monte Albán, sus calles del centro, el gigante silencioso de siglos, las playas (que no conozco), fiestas, barro negro, música… es gastronomía.

Recuerdo las manos morenas de gente sonriente y amable; gente cálida que no acepta un “no” por respuesta (así que si andas a dieta, tendrás que ser muy firme o de plano romperla). Los alimentos son parte del corazón oaxaqueño, se me figura un poco como traer a Tita de Como Agua para Chocolate al siglo XXI.

Aquí se puede gastar como un duque, pero también se puede comer bueno, bonito y barato. Dependerá del presupuesto… aunque yo recomiendo que sin importar lo gorda que esté nuestra cartera, nos demos una vuelta al mercado BJ, Benito Juárez, pues. Ahí es EL lugar para los antojitos regionales. También está La Casa de la Abuela en el corazón de la ciudad, pero es más fresón, no hay como mezclarse con los colores y olores del mercado.

Una buena tlayuda (que es como un sope chilango gigante, o una tortilla gruesa gigante), de tasajo, por ejemplo, es un manjar para cualquiera. O de Cecina, para los menos dietéticos (ajá). Ojo: la cecina en este rincón mexicano es de carne de cerdo enchilada… y el tasajo es carne de res salada (para que no los sorprendan). Sólo que hay que hablarle al estómago bonito antes y después, para que no se nos vaya a poner fifí y a refunfuñar por tanta comida.

No sólo los nombres de los platillos son exóticos, sino que son ricamente sazonados, "especiados"(¿término inventado por mí?).

Las tortillas hechas a mano son enormes, y te alcanza para un súper taco de amarillo, de verde o de coloradito. Y no hablo de las tonalidades, sino de guisos para chuparse los dedos.

Ok, explico de qué se trata.

Son platillos elaborados con carne y una especie de mole o curry. Por ejemplo, el coloradito es carne de cerdo preparado con ajo y ajonjolí, en salsa de jitomate, comillo y chile.

Pero si parece muy condimentado, ¿habrá algún valiente que prefiera un taquito de chapulines con chilito y limón?

Aunque si andamos de antojo más internacional, los lugareños adoran dos restaurantes: El Bar Jardín y el Terranova, ambos en el zócalo de Oaxaca City. Afuera del Bar Jardín siempre hay música: marimba o mariachi, así que hasta para nuestra foto de postal nos servirá darnos una vueltita.

Si queremos salirnos de lo más turístico, las Tlayudas de la calle Libres es una buena opción, sólo que es para echar cenita con los amigos.

Los más aventureros también saldrán satisfechos del tianguis dominguero de Tlacolula, como a 40 minutos de la capital del estado. Es MUY famoso por la barbacoa y el mezcal, por lo que es probable que terminen hasta las manitas, así que habrá que designar a un conductor... ah, caray, ¿y por qué habrían de salir borrachines? Porque te dan muestritas de mezcal de miles de sabores, ¿¡quién podría negarse?! Entonces, como están bien sabrosos y te dan sólo una probadita… y te das vuelo con todos los sabores.

Hay que tenerle respeto al mezcal, por favor.

Por lo tanto,si tenemos sed, es mejor ir por una agua de Casilda… no se me espanten, que los oaxaqueños no son caníbales (hasta lo que sé, al menos). Casilda era una señora que se hizo famosa por sus deliciosas aguas frescas, que se volvieron tradición obligada en Oaxaca. Nomás hay que darse una vuelta al mercado 20 de Noviembre para echarse una (agua fresca).

Demoniossssssssssssss… ¿por qué no he vuelto?

¿Y ya? ¿Esto es todo? No, claro que no. Después les contaré de Santa María del Tule, de Monte Albán y el francés apestoso; de Mitla, los árboles abrazables y el regateo (maaaravilloso) de la tía Chonita (la tía Raquel, pues).

Ah, por supuesto, no podrán faltar las compritas, pues para mí, junto a Chiapas y Michoacán, este es un paraíso de las compritas.

Arggg….Por cierto, ya viene la Guelaguetza, este año el 20 y 27 de julio.

Ya, ya le paro, porque esto se hizo muy largo, nomás no me vengan con pretextos para no visitar y experimentar Oaxaca. Sus paladares lo agradecerán. Y mucho.







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Tips para viajero: Si requieres más información sobre el estado y no puedes esperar a que se publique aquí, visita cualquiera de estas ligas:

Más seria.


A dónde ir ya estando por los rumbos.


Todo para el turista que va a Oaxaca.


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Sobre el video:

Producido por Industria Film Studios, es el promocional del estado de Oaxaca de 2009.
Fue dirigido por Willy Sousa, quien me dirigió en aquel famoso Cinemiuto donde la hago de monja y que nos otorgó todos los permisos para que difundamos su magnífica obra.

¡Gracias Willy!
¡Gracias Carlos!
¡Gracias Tarus, por la asesoría!