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Deliciosos platillos mexicanos

Los secretos sin tiempo de Baja California Sur

martes, 19 de enero de 2010

Pinturas Rupestres de la Sierra de San Francisco, BCS


Por: Real-X

¿Qué es lo que se siente perderse en el tiempo y el espacio? Estar en un lugar donde se pierde por completo la relación del tiempo de la manera en la que los humanos hemos aprendido a medirlo. Un lugar donde hace mucho a alguien se lo olvidó darle cuerda al viejo reloj de pared; donde la majestuosidad de la naturaleza se conjunta con la belleza que es capaz el hombre de hacer, eso es lo que se siente viajar por esta región del noroeste del país.




En la península de Baja California Sur, cerca del pueblo y la misión de San Ignacio se eleva la Sierra de San Francisco en donde hace más de 1500 años atrás sus moradores quisieron dejar un apunte de su visión de la vida al pasar por esta región. Pero para poder hacer contacto con este pueblo milenario es necesario solicitar un permiso ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, en cualquiera de sus oficinas de BCS. Posteriormente es necesario contratar los servicios de un guía que nos va a llevar por caminos inhóspitos



Mi viaje comenzó en la oficina del INAH en San Ignacio, BCS, donde se encuentra una de las misiones que vinieron a construir los Jesuitas por toda la península. (En alguna otra ocasión haré esa ruta).

Ahí mismo anduve unos cuantos kilómetros los viejos caminos que usaban los antiguos peregrinos religiosos para llegar a cada uno de sus puestos oratorios, respirando el aire místico de aquellos tiempo agrestes. Una vez pagados los permisos y arreglado lo del guía, me dirigí a la carretera transpeninsular para poder agarrar “raite”, como le dicen por allá, para que me lleve a la desviación que me llevaría a mi contacto con mi guía, al poblado de Santa Marta, al cual llegué después de una caminata a través de territorio árido de 33 kms, con mochila al hombro que prácticamente estaba copada por garrafones de agua, muchas frutas secas, barras de granola, chocolates y nueces, mudas de ropa interior para todo el viaje, la tienda de acampar y bolsa de dormir, sombrero de ala ancha para protegerme del inclemente sol del desierto y un bastón para caminar.


Como no logré salir a tiempo de San Ignacio y me sorprendió la penumbra a medio camino, llegué a una ranchería donde muy amablemente me dejaron acampar y hasta me compartieron de su cena, frijoles y queso de cabra, yo les compartí de algunas nueces de la india y orejones que llevaba. Me prestaron una colchoneta para mitigar un poco el rocoso terreno que poseían y dónde había asentado la tienda de acampar.

Al día siguiente muy temprano levanté el campamento improvisado y me dirigí ahora sí al pueblo de Santa Marta. En este trayecto de caminata descubrí lo que en verdad significa encontrar el último refresco de cola frío en el desierto. Me dieron un aventón de unos 7 kms en donde me regalaron tal refresco que venía helado gracias a una hielera que traía en la camioneta y yo ya estaba harto de tomar “té” de los garrafones calentados por el sol que llevaba a mis espaldas, de verdad que aprecié ese helado invento del hombre blanco como nunca antes lo había hecho.

Después de una parada momentánea para recoger un revolver que el conductor había escondido en alguna parte del desierto para “espantar” a los “leones”, seguramente pumas, que atacaban a su ganado caprino llegamos a mi destino intermedio.




Una vez localizado al contacto del INAH en el lugar conocí a mi guía Manuel Ojeda Arce y una vez arreglado el asunto de las comidas, en donde cada uno iba a llevar sus propios alimentos y se le pagaría un extra por esto mismo (la otra opción es que uno lleve también alimentos para el guía, pero creo que me iba a mentar la madre si le ofrecía nueces y barritas de granola durante 5 días que duraría mi internamiento al cañón).  En cuanto al trasporte está la opción de rentar mulas, tanto para montar como para llevar el equipaje, pero como desde un inicio este iba a ser un viaje de autodescubrimiento y medición de mi fortaleza interna y resistencia física.

Estaba decidido que yo me lo iba a echar todo el camino caminando y con la mochila a cuestas, unos 30 kg aproximadamente. Emprendimos el camino hacia el Cañón de Santa Teresa donde se encuentran la mayor cantidad de cuevas pintadas de la región.




El camino al Cañón de Santa Teresa también tuvo su magia y belleza, ya que llega un momento dado en el que si uno llega a lo mas alto de la sierra puede ver de un lado el Mar de Cortés y del otro el Océano Pacífico dándole la magnitud de la anchura de la península de Baja California. Fuera del típico paisaje de desierto de allá, con biznagas, cactos con su pitahayas, órganos y algunos arbustos de hojas pequeñas no encontramos realmente fauna, ni borrego, venado, ni los famosos leones. Aunque para la persona que le gusta el paisaje desértico y montañoso todo aquello le presentaba una hermosa postal digna de acabarse un rollo de película en esa entonces o toda la capacidad de la tarjeta de memoria de ahora.



Durante el trayecto le pedí a mi guía algunas cuestiones prácticas de cómo sobrevivir en el desierto, sobre todo de cómo sacar agua de los órganos y cactos, cosa muy útil por si decía tirar mis 20 kilos de agua que traía cargando en la mochila.

En esta caminata me mostró algunas de las primeras pinturas que vi en ese viaje y aunque un poco borrosas representaban figuras humanas y algunos animales, que en su momento no me resultaron tan maravillosas como las había esperado observar desde hace siete años, que había sido la primera vez que pasé por este lugar.




Poco a poco fuimos ascendiendo la sierra hasta que llegamos al Pico del Águila el lugar más álgido de la sierra y de donde se tiene una visión general de toda la majestuosidad de la Reserva del Vizcaíno. Y comenzamos el camino de descenso hacia el Cañón de Santa Teresa donde acamparíamos y de ahí nos iríamos a explorar las distintas cuevas de la región.

Mientras más bajaba uno al cañón y se internaba en sus elevadas paredes el paisaje desértico árido se iba entremezclando con un paisaje desértico pero de los que se alcanzan a observar alrededor de los oasis y poco a poco el oído nos mostró el motivo de esta transición al percibir leves sonidos de agua corriente, sí abajo en le fondo del cañón corría un riachuelo que en época de lluvias se convierte en un importante río. Fue un viaje de un día para poder llegar el cañón donde acampamos pero al fin pudimos poner el campamento y descansar de la larga caminata, al día siguiente escalaríamos los riscos del cañón para poder llegar a La Pintada, la principal cueva de la región por su extensión, aproximadamente 150 mts de paredes pintadas.



Por fin al amanecer y después del desayuno emprendimos el camino hacia La Pintada, que se encuentra a unos 60-80 mts de elevación sobre el fondo del terreno, una pendiente no muy complicada para escalar, pero donde siempre un paso en falso puede provocar una pequeña catástrofe. Antes de comenzar le ascenso descubrimos un pequeño chorro de agua cristalina que brotaba de la pared y decidí probarla, fue el agua más fresca y deliciosa que jamás haya probado, lo que me hizo tirar todo el agua embotellada que llevaba en ese momento para rellenar la botella.




Ya una vez arriba uno no puede mas que dejarse envolver por suntuosidad del lugar... Observar ese espectáculo lo deja a uno sin aliento y sin poder pronunciar palabras que puedas describir tan sensación al echar la cabeza hacia atrás para poder ver las pinturas que se encuentran entre 3 y 8 metros de altura aproximadamente, del piso de la cueva, tratando de imaginarse lo que los antiguos pobladores tuvieron que realizar para poder alcanzar tales alturas, pertenecientes a la familia yumana que hablaban lengua cochimí y que según estudios con radiocarbono poblaron esta región entre 10’000 años A.C. y 1650 D.C., cuando llegaron los misioneros españoles a la zona, aunque algunos investigadores afirman que las primeras pinturas datan de hace unos 4000 años otros estudios con radiocarbono registran que algunas de las más antiguas pinturas alrededor del 1690 A.C.. Hoy en día estas familias están extintas.

Después de varios minutos de muda contemplación de ir y venir a lo largo de la cueva, de tratar de explicarme aquellas siluetas humanas en algunos casos bicolor, los colores predominantes son rojo y negro, con las manos levantadas y decoradas las cabezas con penachos y de distinguir los distintos animales representados, que corresponden tanto a animales terrestres (venados, borregos cimarrón, liebres, serpientes), como marinos (leones marinos, ballenas) o aéreos (águilas y otros depredadores aéreos), saqué mi cámara fotográfica y cuál va siendo la sorpresa de que después de la primera exposición se traba la cámara y deja de funcionar, cabe mencionar que en aquella época una cámara digital era algo todavía muy costoso e inalcanzable para algunos, por lo que yo llevaba una cámara Advantix. Luego de unos instantes de tratar de revivir el aparato, no me quedó más remedio que hacerme a la idea de que todo los registros visuales de mi viaje los llevaría en la memoria y me dispuse a admirar largo rato las pinturas para que se me quedara impresa la imagen en la retina y se conservara en la memoria visual, recostado en el piso de la cueva mantiene un estado de exaltación y tranquilidad, justo al lado de los morteros improvisados para poder pulverizar los elementos para formar los pigmentos que dan vida a tan maravilloso espectáculo.




Afortunadamente después de un rato volví a probar suerte con la cámara y en esta ocasión funcionó pudiendo mantener un archivo fotográfico de las pinturas y así recorrimos distintas cuevas entre ellas Las Flechas y Las Águilas, en donde en la primera la mayoría de los animales tenían flechas atravesando sus cuerpos probablemente realizado como un ritual para poder tener bonanza durante las jornadas de cacería. No hay una teoría que pueda englobar todos los significados que pudieran haber tenido en la antigüedad estas pinturas, pero se cree que hay chamanes y gobernantes representados, no está claro si es su memoria pictográfica o son rituales de prosperidad, lo que sí es que en 1993 la UNESCO las nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad.




Para todo el que le guste el ecoturismo, acampar y las carencias de servicios, esta es una maravillosa experiencia que hay que vivir. Lo ideal es organizarse varias personas para poder solventar más fácilmente los gastos, ya que los guías cobran por travesía y no por número de personas, así vaya una o diez. Yo hice este recorrido en 5 días, dos de traslado y tres que nos quedamos acampando en el fondo del cañón, pero pueden ser más o menos días, se pueden decidir qué cuevas visitar, cuales saltarse ya que se han localizado más de trescientos sitios en esta Sierra de San Francisco.



Como última anotación para los que quieran hacer este recorrido les podría recomendar una película de Carlos Bolado llamada Bajo California, el límite del tiempo, donde se pueden dar una idea de lo que este viaje puede significar y representar.

¡Nueva imagen por fin!

domingo, 17 de enero de 2010


Después de mucho buscar y no encontrar... por fin vi algo que me gusta. Aunque todavía hay que trabajar con el header (No sé cómo hacerlo), la verdad es que se va acercando a lo que quiero.

¿Qué les parece?

Ahora, para la nueva temporada, arrancaremos con algo que les encantará: Los Cabos.

Mientras tanto, ¿dudas, quejas comentario?

¡¡¡Bienvenidos, entonces!!!!

Los Méxicos

viernes, 18 de diciembre de 2009

"Hay cientos, si no es que miles de Méxicos"

Rubén Albarrán, Café Tacvba (uno de los mejores Méxicos)

¿Cuál es tu México?

Somos únicos

viernes, 4 de diciembre de 2009


La verdad es que la gente de México sí es única.
Hay de todo, es verdad, pero en general el mexicano es amable, generoso y sonriente.

Justo hace un par de semanas me topé con una japonesa en Argentina. Caminábamos por la peatonal Florida y me dijo: "Extraño la sonrisa de los mexicanos".

Ah, es que ella ha estado muchas veces por acá.

¿Ustedes extrañan las sonrisas cuando están lejos?

SMA, ¡un rincón único!

miércoles, 4 de noviembre de 2009


¿A veces no les dan ganas de escaparse de todo y vivir unos días en completa relajación?
Pues bien, a mí sí y he encontrado un rincón paradisiaco para hacerlo: San Miguel de Allende, Guanajuato.
¿Han estado ahí? Uf, si no lo han hecho, ¿qué esperan?
Súper bien ubicado, en la zona del bajío, este sitio es una sorpresa para todos los que hemos pisado sus suelos rústicos.
Lo que me gusta de San Miguel es que tiene una vibra muy peculiar; entre gringos y canadienses retirados, letreros bilingües, gente haciendo meditaciones, autobuses grandes sorteando las angostas calles, spas deliciosos, tiendas con diseños increíbles, mariachi en la plaza central y una catedral más gótica que lo acostumbrado en México, uno no puede mas que sentirse extasiado por la vista y la experiencia.
SMA no tiene parques de diversiones ni grandes centros comerciales, no, no, que para eso mejor vayamos a Guadalajara, Ciudad de México, León o incluso Querétaro que quedan cerca (o relativamente cerca). Aquí uno viene a calmar el blablabla mental, a disfrutar de las caminatas tranquilas, a ver bazares de arte y a platicar. Sí, a eso se va a Guanajuato.
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Tips para el viajero:
Más información sobre puntos de interés y hoteles, aquí.
No cuenta con grandes líneas directas de autobuses, por lo que habrá que transbordar, dependerá desde dónde se vaya, pero vale la pena el viaje.
Es un lugar caro, no tanto como los destinos de playa, pero no es barato.
Hay hostales y albergues más económicos para los backpaqueros.
Si eres extranjero, SMA te regalará un rostro de México que tal vez no hayas imaginado.

¡Cocinemos! Chilaquiles en salsa de chile guajillo

viernes, 16 de octubre de 2009




Chilaquiles


¿A poco no se ven deliciosos?

Así, inauguramos oficialmente esta sección de cocina, ¡qué rica la comida mexicana!

¿Y qué mejor que tener a un experto que nos diga cómo en cada receta?

Le damos la bienvenida a Ben, experto cocinero que nos enseñará a preparar deliciosas recetas.¡¡¡Gracias por colaborar con nosotros!!!

Arranquemos, pues, ¡cocinemos!

Oficialmente el otoño ya llegó y eso me pone de muy buen humor. Y que mejor manera de empezar un día nublado otoñal que con un desayuno de campeones. Uno de los desayunos más populares de México son los chilaquiles. Este desayuno es básicamente totopos (pedazos de tortilla fritos) bañados en salsa, verde o roja, y servidos con queso, crema, cebollas y huevos. Yo los preparé la semana pasada con salsa roja de chile guajillo, aquí les dejo la receta para este desayuno para la cruda, ¡jaja!

Guajillo peppers
Chilaquiles con salsa de chile guajillo

Los ingredientes:
  • 2-3 chiles guajillos, sin semillas y remojados por lo menos 5 minutos en agua hirviendo.
  • 2 tazas de tomate picado
  • 1/2 cebolla
  • 3 dientes de ajo
  • 1 cdita de comino
  • 2 tazas de caldo de pollo
  • sal al gusto
  • 6-8 tortillas, cortadas en cuartos y fritas u horneadas a 175°C hasta que estén crujientes.
La preparación:
  1. Licuar los chiles, tomate, cebolla y ajo.
  2. Verter la sasa en una cacerola sobre fuego alto. Calentar hasta que suelte el primer hervor.
  3. Reducir a fuego medio y agregar comino y caldo de pollo. Dejar que hierva otra vez, reducir a fuego lento por 10 minutos. Sazonar al gusto.
  4. Servir los totopos sobre el plato y verter salsa sobre ellos. Dejar que las tortillas absorban un poco de la salsa antes de servir. Servir los huevos al gusto, crema, queso, aguacate, cebolla o cualquier otro ingrediente con los que se quieran servir los chilaquiles.
Chilaquiles

¡Buen provecho!

Guía práctica para visitar Guadalajara (parte final)

martes, 8 de septiembre de 2009

 


(Comenzamos la visita en el post pasado)

A las 8 de la mañana ya estamos casi listos para entrar a la regadera. Un café; protector solar, las cámaras y mis folletos de turismo nos acompañan. Mi amigo prepara mentalmente la ruta que seguiremos y aceleramos el paso. Hay que verlo todo rápido.
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Comenzamos por una iglesia que me deja anonadada. Es majestuosa, alta, en perfectas condiciones... gótica; muy distinta a lo que estamos acostumbrados a ver en México: El Templo Expiatorio. Pero eso no es todo, justo detrás otro edificio tipo europeo nos saluda... pero éste de tipo cívico francés. Los lugareños le llaman “Paraninfo”, legalmente se llama Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara.
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Y luego, sin querer, en las alturas de una pared… una vaca va escalando… una vaca artística, colorida, que recuerda al Cow Parade que hace un par de años invadió la Ciudad de México.
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Pasamos cerca del ex-convento del Carmen, caminamos hasta la Plaza Guadalajara, vemos los palacios, las iglesias y otros edificios que rodean a ésta, a la Plaza de Armas y la de La Liberación. El Teatro Degollado es un edificio hermoso, sello indiscutible de la capital jalisciense… pero, para mí, el Hospicio Cabañas es lo que se lleva las palmas… es con lo que Guadalajara se roba mi corazón. 
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Finalmente nos topamos con un edificio de piedra. Todo pinta bien… es grande, parece fresco (con el calor que hace, ansío una sombrita). Es el Hospicio Cabañas. Compramos nuestro boletito y… patitas para qué las quiero. Recorremos los pasillos hasta que de pronto, por una puerta pequeña, descubro una capilla… o algo que se le parece. Emocionada jalo a mi acompañante (que ha desayunado kilos de paciencia) hacia adentro. Y babeo…
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Las paredes, las cúpulas, los techos están cubiertos por pinturas, por murales de un artista local: José Clemente Orozco. Ahí nomás, diríamos en México. En la cúpula de la capilla está la pieza central de la obra de Orozco en Guadalajara: El hombre de fuego. El artista, sin su brazo, está representado ahí, junto con los cuatro elementos… o tal vez sea un Ave Fénix que alza el vuelo, pero lo que sí se sabe en que todos estos murales se crearon con la finalidad de educar a un pueblo analfabeta y que los muralistas llevaron sus ideales revolucionarios (y socialistas) a la vista de todos. Afortunadamente. 
Después de éste recinto lo que se vea puede parecer pequeño, pero no si se cuenta con la asesoría correcta. Lo que hay que hacer es cambiar de ambiente por completo. El Mercado de San Juan de Dios es enorme, colorido, lleno de sonidos, aromas, texturas y sabores que envuelven todos los sentidos. Lo único que deseamos ya es una bebida refrescante y llenar el estómago.


 
Inmediatamente después, la Plaza de los  Mariachis nos da la bienvenida, aunque esta tarde está muy tranquila, casi en silencio. Mejor, partimos hacia Zapopan.
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Hay fiesta, un danzante falleció y sus compañeros de grupo le hacen un homenaje con plumas, cascabeles y música, justo en el atrio de la Basílica de la Virgen de Zapopan. ¡Qué grande que es! Atestada de gente, de globos, de música… La mejor forma de despedirme de Guadalajara.
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Sólo por 24 horas recorrí estos y muchos sitios más; disfruté de deliciosa comida, me encontré con guapetones hombres de grandes ojos y largas pestañas, me deleité con legendarias obras de arte, aprendí sobre zoología local, pero sobre todo, recordé lo bueno que es viajar con amigos… y, por supuesto, lo útil que puede ser un tripié.


Guía práctica para ver Guadalajara en dos días

martes, 1 de septiembre de 2009

Una guerrera coronada por chorros de agua, le llaman Minerva. Un arco colorido que nos da la bienvenida. Sol. Música de trompetas y guitarra; voces potentes y canciones sentidas. Mariachi.
Bebida que cala la garganta, que aclimata el estómago y el corazón; los aquieta, pero también los despierta. Tequila.
Machos con sombreros, lazos; montando caballos y haciendo interesantes y peligrosas volteretas, suertes. Mujeres con amplios, ampones vestidos; de colores, con listones, montando caballos al estilo inglés, de ladito. Charros y Escaramusas.
Hombres tomados de la mano por las calles. Banderas con los colores del arcoiris en las ventanas; bares y discotecas con bailable música y seres que no estás seguro si pertenecen al género masculino o femenino. Pero bailan; desenfrenadamente, desenfadadamente. Y se besan.
Comida picante, tortas de carne de cerdo en una salsa; que tienes que ayudarte a comer con una cuchara. Una torta ahogada.
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Bebida refrescante, fervor a una virgen. Gente, mucha gente. Calor. “Dame uno con todo, por favor”, le comento al joven que atiende el carrito que ofrece la bebida refrescante más “refrescante” de la región. El Tejuino. Estamos en Zapopan; en una placita sacada de cualquier revista internacional de viajes que describe el típico pueblo mexicano. Estoy con Richie, mi amigo del alma; en su tierra. Me habla con un tono extraño que no le conocía, como si cantara un poco. Así habla la gente de aquí. Así habla Guadalajara.
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No es la primera vez que piso tierras tapatías, no. Hace un par de años nos instalamos en la ciudad proclamando que estábamos haciendo el “archivo de actores y actrices más grande del país”. En el Centro Cultural Alarife Martín Casillas hicimos un casting de hombres y mujeres guapos (la mayoría), y tuvimos oportunidad de conocer algunos sitios de la capital jalisciense.
Pero esta vez es distinto.
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Cuando visitas un lugar, el que sea, generalmente te informas de qué ver; tal vez consigues unos mapas o preguntas dónde se encuentran los kioscos de información al turista (generalmente en el centro de la ciudad). Y entonces vas, conoces esto y lo otro; ensucias tus zapatos, te cansas, te asoleas. Proclamas haber visitado lo más posible en los pocos días que dura el paseo, afirmando que eres un experto en viajes y que te las sabes de todas todas en cuanto a recorridos turísticos se refiere... Pero, la verdad; siendo bien honestos, no hay nada como experimentar los lugares con un nativo. El tiempo alcanza más; los lugares conocidos son los adecuados; los alimentos ingeridos en el restaurancito más escondido y sólo visitados por lugareños no pueden ser mejores... todo cambia. ¡Que vivan los viajes con los lugareños!
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Así que, repito, esta vez es distinta. Guadalajara vista a través de un lente curioso (el mío) y una mente un tanto organizada, -en cuando a travesías se refiere- (la mía); pero guiada por una voz varonil, ronca, suave, amable... y experta. La de Ricardo, “El Richie”, como yo le llamo... el tapatío. Me enseña la tierra que lo vio crecer; la tierra en donde vive.
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Al salir de la terminal de autobuses hago un “escaneo” rápido de los autos estacionados. “Mmmmm.... camión, taxi, taxi, taxi, taxi, taxi, taxi, taxi... ¡oh!, trompita color vino; defensa un tanto descarapelada... ¡Es él!” Corro a abrazar a mi amigo, muy emocionada. “¡Estoy en tu terruño!” y se ríe. Insisto, habla un poco distinto, “¿Por qué cantas cuando hablas, puesn?!”, le pregunto.
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Nos encaminamos hacia su casa. Es un poco tarde pero él es noctámbulo y yo... yo quiero re-conocer. Nos detenemos en Tlaquepaque, pueblo famoso por su artesanía y... lo que veo es muy distinto a lo que espero. Es de noche, ¡diantres!, las tiendas están cerradas. Pero hay vida, mucha vida. El famoso “Parián” es un edificio grande, en donde hay numerosos restaurantes alrededor de un kiosco de pueblo en el que hombres y mujeres que visten coloridos trajes bailan esbozando una sonrisa. Cantan, ríen, se gritan entre sí. Yo me acerco un poco tímida para tomar algunas fotos y me preguntó dónde dejé mi tripié. “¡Demonios, por primera vez lo ocupo en alguno de mis viajes!”
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Parece que esos danzantes la están pasando de maravilla y que los comensales que los miran se divierten también. Uuuuh, huele a alcohol. Hay mucho tequila en las mesas. Pero no estamos ahí para cenar, así que mejor nos alejamos y seguimos caminando. Es una noche rica, no hace frío. Tlaquepaque está lleno de gente y música. Vendedores ambulantes abarrotan la plaza junto al Parián, pero la plaza principal está vacía... bueno, no del todo, los visitantes del día han dejado unos cuantos kilos de basura regada por todos lados. “Los trabajadores de limpia tendrán mucho que hacer durante la noche”, pienso. Hay una callecita que parece traída directamente desde San Miguel de Allende. Tal vez estoy siendo injusta; quizá estaba ahí desde antes de San Miguel, pero me recuerda a aquél pueblo guanajuatense. Es la calle Independencia, donde están los artistas más famosos y ricos de Tlaquepaque. Es encantadora y me pregunto cómo lucirá a plena luz; con todos los viandantes y comerciantes ofreciendo sus productos. Pero no es como un mercado; ¡no, qué va! Es todo excepto un mercado. Amplias galerías de afamados escultores, joyeros y pintores nos miran con las puertas cerradas.
Hay bancos ingeniosos, creativos que nos brindan un espacio de descanso. También hay cómicas esculturas de bronce a lo largo de nuestro recorrido y vuelvo a pensar por qué mi cámara no es mejor... ¡extraño mi tripié! “Vaya, para tomar fotos de noche en Guadalajara se necesita un trípode.”
Este lugar pertenece a la zona metropolitana de Guadalajara, la segunda más grande de México. Las malas (o buenas) lenguas dicen que aquí hay muchas mujeres hermosas. Y hombres guapos. Y gays. ¡Bueno, para todos los gustos!
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De pasada paramos a tomar unas cuantas fotos en el mero corazón de la ciudad. Qué bonita luce de noche. El primer punto es la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres… aunque en mi guía dice: “Rotonda de los hombres ilustres”. Tomo una fotografía y me platica mi acompañante que hace poco cambió de nombre debido a que había una estatua de una mujer entre puros caballeros; entonces se armó una gran polémica por el nombre… ¿ponerle “Rotonda de los hombres y la mujer ilustres”? No sonaba bien. Así que, como en español los plurales son (de todas formas) masculinos; a mí me sigue sonando a que hay puros hombres. Pero no, una damisela se ha colado entre esas figuras doradas que honran a esos oriundos de Jalisco que han dejado huella en la historia.
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Y, para terminar el paseo, un vistazo a la Plaza de Armas. El kiosco de ésta es afrancesado y definitivamente hermoso. Y sí, de noche es un espectáculo encantador, que vale la pena, a pesar de...  “Dios, ¡hay una rata ahí… y ahí… y ahí, ahí, ahí y allá!” Sé que tengo que sacar unas fotografías y maldigo de nueva cuenta el no tener mi tripié conmigo. Mi pedestal humano (el hombro de Richie) está más tranquilo y quieto que la fotógrafa que da brinquitos de terror ante los roedores que pasean junto a los lugareños tranquilamente (los unos y los otros) por la plaza. Nunca en mi vida había visto algo así. En el día, el lugar se llena de palomas, por lo que la atmósfera es muy distinta. Cuando se va la luz, la dinámica de los animales cambia, pero parece que a los tapatíos no les preocupa. Yo, sigo saltando hasta llegar al auto.
Nos vamos a dormir, pues el día siguiente comenzará temprano... y así es.
(Continúa…)
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Tips del viajero:

Si quieres ir y no sábes cómo, clickea acá.
Más atractivos turísticos detallados, aquí.
Página oficial de Turismo de Guadalajara, es por allá.

Día de Muertos: una tradición que se aferra a vivir

martes, 25 de agosto de 2009

siriusfem, dia de muertos


Existen pocas tradiciones ancestrales en México que siguen haciendo ruido en la vida de los lugareños. Las fiestas locales son eso, locales, y se respetan como tales; pocas trascienden, se vuelven famosas, se vuelven parte ya hasta del paisaje. Eso sucede con la Noche de Muertos en la comunidad purépecha de Michoacán.

Para muchos, no hay noche más emocionante que esta; noche más misteriosa, noche más lúgubre. Puede ser que comience incluso antes. Se dice que el 31 de octubre las brujas se juntan para el aquelarre anual. La leyenda indica que solamente la noche del 1 de noviembre las estatuas de Cervantes y de Don Vasco de Quiroga tienen permitido hablarse, frente a frente, en el Jardín de las Rosas de Morelia.

Qué mejor época para replantearse lo que se está construyendo en esta vida, para aligerar la carga, para reconciliarse con la muerte; para jugar con ella, para coquetearle, para reírse, burlarse de esa figura tan tenebrosa, tan misteriosa, tan temida, tan… tan…

El frío es básico. No hay celebración de Noche de Muertos sin gabanes o chipiturcos, sin sombreros de lana, sin bufandas. ¿Y qué sería de la celebración sin las Calaveritas de azúcar (si tienen nuestro nombre en la frente, mejor), sin las Catrinas, sin las flores amarillas, sin los panes con huesitos y azúcar encima, o sin los mercaditos de artesanías?

También hay que decir que es raro que haya celebración de muertos sin tumultos, sin curiosos, sin turistas con una o varias cámaras en mano; sin adolescentes borrachines, sin amigos queriendo trepar la estatua de Morelos en Janitzio, sin fiestas hasta el día siguiente, sin reuniones en Tzintzuntzan, sin música en las Yácatas, sin desmadre.

siriusfem, tradiciones


Pero todo comenzó con un rito ancestral, con un canto de recuerdo, de celebración a esos que nos han dejado. Un canto a la que se los ha llevado. Un grito a La Muerte.

El 1 de noviembre las poblaciones de la zona lacustre de Pátzcuaro se llenan de color, de luz; irónicamente se llenan de vida. Desde temprano, las personas llegan con ofrendas, flores (de preferencia Cempasúchil), juguetes, dulces, comida, fotografías, bebidas alcohólicas, chocolate caliente, hasta ropa… para, con todo esto, alzar un altar sobre la tumba de sus seres queridos. Por supuesto que la luz de las velas es la parte que más nos recuerda que estamos en un cementerio, o que en ese lugar se evoca a alguien que falleció.

Cada uno de los pueblos tiene sus propias celebraciones, pero las que destacan son las de Pátzcuaro, Tzintzuntzan y la isla de Janitzio.

Ese día, el primero del penúltimo mes del año, es cuando comienza todo. Por la mañana se recuerda en especial a los “angelitos”, es decir, a los niños muertos. La velación se llama “Kejtzitakua Zapicheri”. Los altares de los pequeños son un poco diferentes a los de los grandes, y para ser honesta, se siente más el hueco en la panza; se siente más el pesar de los duelos por los chiquitos. Hay juguetes, generalmente de madera (o los típicos luchadores de plástico duro), muñecas y dulces, muchos dulces.

siriusfem,

Los familiares ponen un altar con papeles de colores, la foto del ser querido, flores, velas y sus objetos favoritos en vida. Además, claro está, de la comida. No puede faltar el pulque consentido del muertito, o el pan dulce. Por la noche, la luz de las velas les indicará el camino a los espíritus que vienen, por una noche nada más, a visitar a sus vivos. La comida está ahí para ofrecerles un festín; los “del más allá” absorben el sabor de las bebidas y de los ricos platillos que se encuentran en el ese sitio exclusivo para ellos. Los rezos de los duelos se elevan para que su alma regrese en paz de un plano al otro, para comunicarles que piensan en ellos y, por supuesto, para que descansen en la eternidad.

Toda la noche es de vela, se escuchan los murmullos de las personas que recuerdan a los que ya se fueron. Se escuchan también los flashasos de las cámaras. Los olores de las flores, el chocolate caliente, el café, el alcohol, el pan, el mole o las decenas de guisados que acompañan a esas normalmente solitarias tumbas se mezclan, dando como resultado un inusual aroma, el aroma de este juego de Realismo Mágico, tan purépecha, tan mexicano, tan latinoamericano; tan nuestro.

Esa noche es de fiesta. Durante esa noche no hay espacio en el piso que no tenga pies, almas, lágrimas, esperanza, vida y muerte.

Así que si alguna vez deciden acercarse a Michoacán por noviembre, no duden en visitar algún panteón. Es posible hasta encontrarse a un alma famosa o incluso, encontrarnos a nosotros mismos frente a frente con “La Huesuda”, contándole alguna anécdota, algún chiste que le haga querer volver el siguiente año, pero eso sí, que ni se le ocurra llevarnos con ella.

Viajar solas y seguras

miércoles, 19 de agosto de 2009


Ahora le toca el a un tema que conozco bien: México recorrido por mujeres.

¿Han pensado cómo se puede ver México con lentes femeninos?

Recuerdo que hace un par de años unas amigas y yo fuimos a un bautizo a un pueblo cercano a Morelia. Íbamos en la camioneta de una de ellas y para mí era muy natural, pero para mis acompañantes no. Una mencionó que no le había dicho a su mamá que vendríamos puras mujeres solas en el auto, la otra que éramos algo así como valientes por viajar (¡¡¡a un pueblo a una hora de nuestra ciudad!!!) sin un hombre. Por un momento no lo pude creer, era como… irreal. En pleno siglo XXI, mujeres cercanas a mí, contemporáneas (treintañeras) y “modernas” no concebían el poder estar seguras por las carreteras del país (no quiero siquiera pensar en otras naciones).

Entonces, me puse a reflexionar si existe algún tipo de amenaza en contra de las damiselas frágiles y solitarias acechando después de cada curva. La respuesta fue no. Con esto no quiero decir que vivamos en un país cien por ciento seguro, no, no; pero hay que pensar en que incidentes pueden ocurrir en cualquier sitio y en que a ciertas horas y lugares hombres, mujeres o cetáceos debemos de tener cuidado. Es recomendable para TODOS tomar ciertas precauciones, pero eso no quiere decir que México sea un país especialmente peligroso para las aventureras.

siriusfem, mujeres viajando solas

Honestamente no me imagino tener que esperar a que un voluntario (masculino) levante la mano para planear un viajecito… ¿Se imaginan? “Hermano, ¿podrías ir conmigo a Pátzcuaro por un helado, con mis amigas y conmigo? Seguro te vas a aburrir, porque iremos hablando de hombres, hombres y hombres (para que el estereotipo sea todavía más fuerte, además de que siempre lo hacemos, ja), pero te necesitamos, por si se nos poncha una llanta o alguien nos ve feo.”

Momento, que no digo que los hombres no sean buenas compañías, ¡para nada! Sí que lo son, pero también conozco a muchas mujeres que viajan solas (sin otros/otras acompañantes) y todo va bien. Si existe algún incidente, tanto a ellos como a nosotras se nos puede complicar. Para eso, hay que cargar en la guantera los números telefónicos de los Ángeles Verdes, de la PFP y, por supuesto, de nuestra aseguradora. Esto, es si decidimos viajar en nuestro auto. (Ah, también asegúrense de traer crédito en el celular).

Afortunadamente en México existen buenas carreteras y autopistas. Yo les recomiendo que se compren una de esas guías del país que traen todos los caminos, hasta con kilómetros y mapas de las ciudades principales. Son una buena herramienta, para mí mucho mejor que los GPS, pero ahí cada quién.

En la mayoría de las casetas de cobro y gasolineras existen tienditas de abarrotes y baños públicos, pero no está de más traer papel de baño en el auto… por alguna emergencia. Establece tu ruta y no tengas miedo de tomar el volante y pisar el acelerador.

siriusfem, diversion

Una buena forma de darte una idea de qué es lo que verás en tu próximo destino, es visitar la página de viajes www.travelbymexico.com. Aquí encontrarás todo lo que necesitas. Léela con detenimiento e imprime lo que te parezca de más utilidad, por ejemplo: número de emergencias, datos de hoteles y oficinas de turismo, sitios recomendados, etcétera.

Date una idea general del lugar. También, échale un ojo a su blog, aquí podrás obtener algunas ideas como, -por supuesto- qué comer en los lugares que quieres visitar. Si vas a un estado desconocido para ti, sería una lástima que te perdieras de los sabores locales. Que no te dé miedo preguntar, recuerda, tu actitud es lo más importante, no te sientas desprotegida. Piensa que si en tu lugar de origen vas al mercado y a veces disfrutas unas buenas quesadillas sin sentirte en peligro, ¿por qué habría de ser distinto en otra ciudad de… ¡tu propio país!?

Ojo, que esto de tener todo planeado tampoco sea regla. El ir “puebleando” es una experiencia básica en tierras mexicas. Averigua un poco sobre la zona, es decir, una cosa es ser aventurero y otra ser ingenuo y descuidado.

Pero volviendo al recorrido, si optamos por viajar en avión o autobús, la cosa tal vez sea más sencilla. Hay que averiguar cómo llegar al destino que hemos elegido, desde el aeropuerto hasta el hostal/hotel/posada/casa donde nos hospedaremos, además de cómo movernos dentro de la ciudad. Afortunadamente México cuenta con un servicio de transporte público bastante eficiente (la leyenda cuenta que en Estados Unidos hay pocos camiones para pasajeros locales) y sitios seguros de taxis. ¡No dejes que el no tener un auto propio te detenga!

Tú dirás… ¿Hacia dónde dirigimos la ruta? ¿Hacia San Luis Potosí o Oaxaca? ¡México te espera!