¿Qué les parece?
Ahora, para la nueva temporada, arrancaremos con algo que les encantará: Los Cabos.
Mientras tanto, ¿dudas, quejas comentario?
¡¡¡Bienvenidos, entonces!!!!
Chilaquiles con salsa de chile guajillo
Los ingredientes:
La preparación:
- 2-3 chiles guajillos, sin semillas y remojados por lo menos 5 minutos en agua hirviendo.
- 2 tazas de tomate picado
- 1/2 cebolla
- 3 dientes de ajo
- 1 cdita de comino
- 2 tazas de caldo de pollo
- sal al gusto
- 6-8 tortillas, cortadas en cuartos y fritas u horneadas a 175°C hasta que estén crujientes.
- Licuar los chiles, tomate, cebolla y ajo.
- Verter la sasa en una cacerola sobre fuego alto. Calentar hasta que suelte el primer hervor.
- Reducir a fuego medio y agregar comino y caldo de pollo. Dejar que hierva otra vez, reducir a fuego lento por 10 minutos. Sazonar al gusto.
- Servir los totopos sobre el plato y verter salsa sobre ellos. Dejar que las tortillas absorban un poco de la salsa antes de servir. Servir los huevos al gusto, crema, queso, aguacate, cebolla o cualquier otro ingrediente con los que se quieran servir los chilaquiles.


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Existen pocas tradiciones ancestrales en México que siguen haciendo ruido en la vida de los lugareños. Las fiestas locales son eso, locales, y se respetan como tales; pocas trascienden, se vuelven famosas, se vuelven parte ya hasta del paisaje. Eso sucede con la Noche de Muertos en la comunidad purépecha de Michoacán.
Para muchos, no hay noche más emocionante que esta; noche más misteriosa, noche más lúgubre. Puede ser que comience incluso antes. Se dice que el 31 de octubre las brujas se juntan para el aquelarre anual. La leyenda indica que solamente la noche del 1 de noviembre las estatuas de Cervantes y de Don Vasco de Quiroga tienen permitido hablarse, frente a frente, en el Jardín de las Rosas de Morelia.
Qué mejor época para replantearse lo que se está construyendo en esta vida, para aligerar la carga, para reconciliarse con la muerte; para jugar con ella, para coquetearle, para reírse, burlarse de esa figura tan tenebrosa, tan misteriosa, tan temida, tan… tan…
El frío es básico. No hay celebración de Noche de Muertos sin gabanes o chipiturcos, sin sombreros de lana, sin bufandas. ¿Y qué sería de la celebración sin las Calaveritas de azúcar (si tienen nuestro nombre en la frente, mejor), sin las Catrinas, sin las flores amarillas, sin los panes con huesitos y azúcar encima, o sin los mercaditos de artesanías?
También hay que decir que es raro que haya celebración de muertos sin tumultos, sin curiosos, sin turistas con una o varias cámaras en mano; sin adolescentes borrachines, sin amigos queriendo trepar la estatua de Morelos en Janitzio, sin fiestas hasta el día siguiente, sin reuniones en Tzintzuntzan, sin música en las Yácatas, sin desmadre.

Pero todo comenzó con un rito ancestral, con un canto de recuerdo, de celebración a esos que nos han dejado. Un canto a la que se los ha llevado. Un grito a La Muerte.
El 1 de noviembre las poblaciones de la zona lacustre de Pátzcuaro se llenan de color, de luz; irónicamente se llenan de vida. Desde temprano, las personas llegan con ofrendas, flores (de preferencia Cempasúchil), juguetes, dulces, comida, fotografías, bebidas alcohólicas, chocolate caliente, hasta ropa… para, con todo esto, alzar un altar sobre la tumba de sus seres queridos. Por supuesto que la luz de las velas es la parte que más nos recuerda que estamos en un cementerio, o que en ese lugar se evoca a alguien que falleció.
Cada uno de los pueblos tiene sus propias celebraciones, pero las que destacan son las de Pátzcuaro, Tzintzuntzan y la isla de Janitzio.
Ese día, el primero del penúltimo mes del año, es cuando comienza todo. Por la mañana se recuerda en especial a los “angelitos”, es decir, a los niños muertos. La velación se llama “Kejtzitakua Zapicheri”. Los altares de los pequeños son un poco diferentes a los de los grandes, y para ser honesta, se siente más el hueco en la panza; se siente más el pesar de los duelos por los chiquitos. Hay juguetes, generalmente de madera (o los típicos luchadores de plástico duro), muñecas y dulces, muchos dulces.

Los familiares ponen un altar con papeles de colores, la foto del ser querido, flores, velas y sus objetos favoritos en vida. Además, claro está, de la comida. No puede faltar el pulque consentido del muertito, o el pan dulce. Por la noche, la luz de las velas les indicará el camino a los espíritus que vienen, por una noche nada más, a visitar a sus vivos. La comida está ahí para ofrecerles un festín; los “del más allá” absorben el sabor de las bebidas y de los ricos platillos que se encuentran en el ese sitio exclusivo para ellos. Los rezos de los duelos se elevan para que su alma regrese en paz de un plano al otro, para comunicarles que piensan en ellos y, por supuesto, para que descansen en la eternidad.
Toda la noche es de vela, se escuchan los murmullos de las personas que recuerdan a los que ya se fueron. Se escuchan también los flashasos de las cámaras. Los olores de las flores, el chocolate caliente, el café, el alcohol, el pan, el mole o las decenas de guisados que acompañan a esas normalmente solitarias tumbas se mezclan, dando como resultado un inusual aroma, el aroma de este juego de Realismo Mágico, tan purépecha, tan mexicano, tan latinoamericano; tan nuestro.
Esa noche es de fiesta. Durante esa noche no hay espacio en el piso que no tenga pies, almas, lágrimas, esperanza, vida y muerte.
Así que si alguna vez deciden acercarse a Michoacán por noviembre, no duden en visitar algún panteón. Es posible hasta encontrarse a un alma famosa o incluso, encontrarnos a nosotros mismos frente a frente con “La Huesuda”, contándole alguna anécdota, algún chiste que le haga querer volver el siguiente año, pero eso sí, que ni se le ocurra llevarnos con ella.

¿Han pensado cómo se puede ver México con lentes femeninos?
Recuerdo que hace un par de años unas amigas y yo fuimos a un bautizo a un pueblo cercano a Morelia. Íbamos en la camioneta de una de ellas y para mí era muy natural, pero para mis acompañantes no. Una mencionó que no le había dicho a su mamá que vendríamos puras mujeres solas en el auto, la otra que éramos algo así como valientes por viajar (¡¡¡a un pueblo a una hora de nuestra ciudad!!!) sin un hombre. Por un momento no lo pude creer, era como… irreal. En pleno siglo XXI, mujeres cercanas a mí, contemporáneas (treintañeras) y “modernas” no concebían el poder estar seguras por las carreteras del país (no quiero siquiera pensar en otras naciones).
Entonces, me puse a reflexionar si existe algún tipo de amenaza en contra de las damiselas frágiles y solitarias acechando después de cada curva. La respuesta fue no. Con esto no quiero decir que vivamos en un país cien por ciento seguro, no, no; pero hay que pensar en que incidentes pueden ocurrir en cualquier sitio y en que a ciertas horas y lugares hombres, mujeres o cetáceos debemos de tener cuidado. Es recomendable para TODOS tomar ciertas precauciones, pero eso no quiere decir que México sea un país especialmente peligroso para las aventureras.

Honestamente no me imagino tener que esperar a que un voluntario (masculino) levante la mano para planear un viajecito… ¿Se imaginan? “Hermano, ¿podrías ir conmigo a Pátzcuaro por un helado, con mis amigas y conmigo? Seguro te vas a aburrir, porque iremos hablando de hombres, hombres y hombres (para que el estereotipo sea todavía más fuerte, además de que siempre lo hacemos, ja), pero te necesitamos, por si se nos poncha una llanta o alguien nos ve feo.”
Momento, que no digo que los hombres no sean buenas compañías, ¡para nada! Sí que lo son, pero también conozco a muchas mujeres que viajan solas (sin otros/otras acompañantes) y todo va bien. Si existe algún incidente, tanto a ellos como a nosotras se nos puede complicar. Para eso, hay que cargar en la guantera los números telefónicos de los Ángeles Verdes, de la PFP y, por supuesto, de nuestra aseguradora. Esto, es si decidimos viajar en nuestro auto. (Ah, también asegúrense de traer crédito en el celular).
Afortunadamente en México existen buenas carreteras y autopistas. Yo les recomiendo que se compren una de esas guías del país que traen todos los caminos, hasta con kilómetros y mapas de las ciudades principales. Son una buena herramienta, para mí mucho mejor que los GPS, pero ahí cada quién.
En la mayoría de las casetas de cobro y gasolineras existen tienditas de abarrotes y baños públicos, pero no está de más traer papel de baño en el auto… por alguna emergencia. Establece tu ruta y no tengas miedo de tomar el volante y pisar el acelerador.

Una buena forma de darte una idea de qué es lo que verás en tu próximo destino, es visitar la página de viajes www.travelbymexico.com. Aquí encontrarás todo lo que necesitas. Léela con detenimiento e imprime lo que te parezca de más utilidad, por ejemplo: número de emergencias, datos de hoteles y oficinas de turismo, sitios recomendados, etcétera.
Date una idea general del lugar. También, échale un ojo a su blog, aquí podrás obtener algunas ideas como, -por supuesto- qué comer en los lugares que quieres visitar. Si vas a un estado desconocido para ti, sería una lástima que te perdieras de los sabores locales. Que no te dé miedo preguntar, recuerda, tu actitud es lo más importante, no te sientas desprotegida. Piensa que si en tu lugar de origen vas al mercado y a veces disfrutas unas buenas quesadillas sin sentirte en peligro, ¿por qué habría de ser distinto en otra ciudad de… ¡tu propio país!?
Ojo, que esto de tener todo planeado tampoco sea regla. El ir “puebleando” es una experiencia básica en tierras mexicas. Averigua un poco sobre la zona, es decir, una cosa es ser aventurero y otra ser ingenuo y descuidado.
Pero volviendo al recorrido, si optamos por viajar en avión o autobús, la cosa tal vez sea más sencilla. Hay que averiguar cómo llegar al destino que hemos elegido, desde el aeropuerto hasta el hostal/hotel/posada/casa donde nos hospedaremos, además de cómo movernos dentro de la ciudad. Afortunadamente México cuenta con un servicio de transporte público bastante eficiente (la leyenda cuenta que en Estados Unidos hay pocos camiones para pasajeros locales) y sitios seguros de taxis. ¡No dejes que el no tener un auto propio te detenga!
Tú dirás… ¿Hacia dónde dirigimos la ruta? ¿Hacia San Luis Potosí o Oaxaca? ¡México te espera!


P.D.: “La Catrina” es la representación de la muerte, es un esqueleto de mujer elegantemente vestida y famosísima en la época de Noche de Muertos. Surgió de la mente del artista mexicano José Guadalupe Posadas.
2009 ·.....México Rocks..... by M.C.M.A.